Como le fue revelado a
Marshall Vian Summers
el 21 de octubre de 2013
en Boulder, Colorado, Estados Unidos

Texto original: The Prison

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Más información sobre este texto

Lo que estás leyendo en este texto es la transcripción de la voz original de la Asamblea Angélica hablando a través del Mensajero Marshall Vian Summers.

Aquí, la comunicación original de Dios, que existe más allá de las palabras, es traducida al lenguaje y el entendimiento humanos por la Asamblea Angélica que supervisa el mundo. La Asamblea después entrega el Mensaje de Dios a través del Mensajero, tras lo cual es transcrito y puesto a tu disposición y a disposición de todos.

En este extraordinario proceso, la Voz de la Revelación está hablando de nuevo. La Palabra y el Sonido están en el mundo. Que puedas ser el receptor de este regalo de Revelación y puedas estar abierto a recibir su Mensaje único para ti y para tu vida.

Nota a los lectores:
Esta traducción fue provista a la
Society por estudiantes del Nuevo Mensaje que se han ofrecido voluntariamente a traducir el texto original en inglés. La publicamos en esta forma inicial para que todo el mundo tenga una oportunidad de interactuar con una porción del Nuevo Mensaje en un su propio idioma.

Sabes lo que son las prisiones. Son lugares donde las personas son encarceladas, descuidadas y, a menudo, abusadas. Son lugares donde las personas son apartadas de la vida normal y sometidas a severas limitaciones y supervisión. Son lugares donde las personas pierden contacto con el mundo exterior, y con frecuencia son olvidadas e ignoradas.

Hoy hablamos de la prisión dentro de ti mismo: de aquello que te encierra y te retiene, que te saca de la vida y te separa de lo que amas, que te niega tu destino y tu libertad. Una prisión sin muros, sin rejas, sin guardias; una prisión invisible, la prisión en tu propia mente.

Cuando contemplas a las personas, ellas están ahí, pero realmente no están ahí. Están encerradas en su perspectiva, en sus actitudes y creencias, en sus quejas, sus sueños, sus esperanzas, sus miedos y sus ansiedades. Las hablas, pero apenas pueden oírte. Las miras, pero realmente no pueden verte. Tratas de llegar a ellas con un mensaje bondadoso, y ellas no saben lo que es.

Ellas parecen ser libres en ciertas naciones. Pueden moverse. Hasta cierto punto, pueden determinar su ocupación, y quizá incluso tener la libertad de elegir con quién casarse, lo que sigue siendo una libertad poco frecuente en el mundo. Pero todavía están en la prisión, como ves. Es la prisión de la Separación, construida con el paso del tiempo y las circunstancias, formándose a sí misma y determinando lo que una persona puede ver y no ver, hacer y no hacer, y oír y no oír.

La prisión de cada uno es un poco diferente, pero la realidad sigue siendo la misma. Se trata de tu problema más fundamental, más allá de adquirir las necesidades básicas de la vida —las cuales, para muchas personas, siguen suponiendo una necesidad grave y urgente—. Pero una vez que esta necesidad ha sido suficientemente satisfecha, y las personas tienen un grado razonable de seguridad en este asunto, entonces tienen que ocuparse de obtener una clase diferente de libertad, una libertad que no se impone realmente desde el exterior, aunque se refuerza allí.

Es la prisión, como ves. Estás rodeado por un muro, aislado. No puedes responder a tu Fuente. El Conocimiento dentro de ti, la Inteligencia más profunda que Dios te ha dado, te está dando señales y pistas todos los días, pero no escuchas ni sientes. Y si escuchas, piensas que es otra cosa, solo un pensamiento más en la mente entre todos los otros pensamientos, que surgen de la nada y carecen de valor.

Como ves, este es el dilema central de vivir en la Separación, de vivir en la realidad física, de vivir en un cuerpo; de estar circunscrito a un mundo en constante cambio e incertidumbre, por la competencia y el conflicto, así como por el miedo, siempre presente, a la pérdida y a la privación. Aquí la prisión no es tanto el mundo sino tu propia mente. Puede que tengas todas las comodidades que el dinero puede comprar, y sin embargo estás desesperado, como un animal enjaulado que va de un lado a otro, necesitando un estímulo constante, necesitando distracción y obsesión constantes —lo cual te evita experimentar tu estado verdaderamente miserable.

Solo cuando comprendes que estás viviendo en esta prisión y que no estás viviendo la vida que fuiste enviado aquí a vivir y debías vivir, solo entonces, comienzas a dar un giro fundamental en la vida. Es entonces cuando el Cielo puede verdaderamente ayudarte. Pero es un giro con muchos pasos, etapas y umbrales. No sucede todo de golpe en un día, ni en un mes, ni en un año. Pero debe comenzar con esta necesidad esencial de conocer tu propósito mayor en la vida y de tener la libertad interior para experimentarlo y expresarlo.

Puede que estés bloqueado por la cultura y la sociedad, obligado económicamente a cuidar de una familia o a desempeñar un papel, pero aun así puedes tener esta libertad interior, como ves. Y si la tienes te vuelves como un santo, como un faro: un dispensador de sabiduría, compasión y perdón; alguien a quien las personas acudirán en su momento para buscar consejo y resolución, porque eres el único entre ellas que realmente no tiene conflictos en su interior, pues has salido de la prisión y ya no vives allí.

En esta etapa solo estás circunscrito a las limitaciones de tu vida exterior, pero tu vida interior se vuelve más ilimitada, más pura, sin el asedio constante del miedo y la continua necesidad de escapar del miedo, que supone la condición fundamental de casi todos los demás.

Este es un problema para todas las personas, no solo para las elegidas, o las que son más prometedoras o más ricas, o las que tienen las mejores oportunidades. Porque Dios ha enviado a cada persona al mundo para servir al mundo de una manera única, con determinadas personas y en ciertas situaciones. El hecho de que la mayoría de las personas no estén involucradas de esta forma es la causa del sufrimiento en todos los niveles, y produce el mundo que ves, tocas y oyes todos los días.

Por eso, se trata de un problema de todos, crucial para las necesidades básicas de todos. Por mucho que las personas intenten satisfacerse con placeres, posesiones, romance y la búsqueda de poder y prestigio, esta necesidad fundamental sigue viviendo en su interior y no puede satisfacerse de ninguna otra manera.

Ellas siguen en la prisión, como ves, ahora más profundamente atadas a sus pasiones, sus actividades y sus ambiciones, cada vez más temerosas de perder todas estas cosas. Ahora ellas tienen enemigos. Ahora tienen competidores. Ahora tienen otras incontables fuerzas amenazándolas. Por tanto, aunque parezcan elevarse por encima de todas las demás personas en un sentido material, ellas están más exasperadas que la persona promedio y rara vez experimentarán un momento de paz y respiro.

Aunque esta puede ser la búsqueda del mundo, el Cielo te ha enviado aquí con un propósito mayor. Y solo la Nueva Revelación de Dios para el mundo habla de esto directamente. No requiere creer en un gran mensajero o santo. No requiere adherencia a una filosofía o ideología religiosa estricta. No requiere que pertenezcas a un sistema u organización religiosa. Puedes encontrarte dentro o fuera de estas cosas, porque tu necesidad fundamental está más allá de ellas.

Solo Dios sabe cómo liberarte de esta prisión. Tú puedes intentar cualquier forma de escape, intentando vivir una vida puramente feliz y sencilla, intentando vivir una vida pastoral, intentando vivir una vida agrícola, intentando construir tu vida de una forma que no sientas la constante transgresión de tu restricción interior. Pero por mucho que lo intentes, incluso si pasas toda tu vida intentando formular el conjunto perfecto de circunstancias para ti, no habrás escapado de tu problema fundamental. Y no puedes asegurar que estas circunstancias que hayas podido crear van a poder sostenerse y protegerse, dando lugar a un temor y exasperación constantes.

Dios entiende este problema, porque él gobierna todo el universo físico, un universo físico donde los separados deben vivir en innumerables formas, en innumerables mundos, en innumerables expresiones de cultura y civilización, en innumerables niveles diferentes de desarrollo tecnológico y social. Es la condición de vivir en Separación, en este mundo y en todos los mundos donde la vida inteligente ha evolucionado o donde se ha establecido un asentamiento. Así de fundamental es esto.

Dios te dio la libertad de entrar en la Separación, de ser un individuo, de estar solo, de aparentar que estás determinando por ti mismo tu vida. Pero esta ha sido tu carga tanto como tu libertad. Dios entiende tu situación y ha dado la respuesta a la familia humana y a todas las familias de vida inteligente en todas partes, en todas las dimensiones y universos. Esta respuesta vive dentro de ti hoy. Es tu salida de la jungla, porque no está corrompida. No se doblega. No está adaptada al mundo. No necesita aprobación ni recompensa aquí. No tiene miedo, porque no puede ser destruida. Es la única parte de ti que es pura, valiente, sabia y compasiva. Es la parte de ti que nunca ha dejado a Dios y todavía está conectada a la Creación.

Es por eso que no existe el Día del Juicio. Es por eso que no existe el infierno ni la condena, pues una parte de ti todavía vive en la Creación y no puede ser separada de Dios. Pero la parte de ti que ha sido expulsada y se ha ido por su propia voluntad, está viajando a través de la realidad física, que es donde estás en la actualidad. Aun así, esta refleja tu mayor realidad, origen y destino, que existen fuera de los muros de la prisión de tus propias creencias y transgresiones.

Dios tiene la llave de la puerta de tu prisión. Y es perfecta. Y aun así vacilas, porque no estás realmente seguro de querer abandonar los confines de tu propia mente. Aunque sufres ahí, también estás adaptado a ella y tienes miedo al cambio, pensando que sin este confinamiento estarías perdido. Que serías destruido y desaparecerías. Pero nada de esto es cierto. Todavía estarías aquí. Aún serías tú. Te verías igual en el espejo. Tus circunstancias externas no han cambiado. No has muerto e ido a otro lado.

Más bien tu mente se abre y comienzas a experimentar cosas que nunca sentiste antes. Y empiezas a darte cuenta de que siempre has tenido momentos de esta experiencia. Y verías esto en gran contraste con tu estado mental normal del día a día, que es servil, autocrítico, temeroso y desconfiado.

Debido a que fuiste enviado al mundo con un propósito mayor, debes encontrar la libertad para descubrir este propósito. Debes encontrar la libertad para encontrar a aquellas personas con las que este propósito está conectado. Debes encontrar el coraje para emprender la preparación para esto. Debes desarrollar la fuerza y la autodisciplina para hacer un tipo diferente de viaje. Debes generar confianza en ti mismo, escapando de tu autorrepudio y de los nubarrones que se ciernen sobre ti.

Por tanto, el primer propósito de Dios es descargarte, darte la oportunidad de ver que tu vida real está fuera de esta prisión y que te has conformado con muy poco en la vida. Existe una mayor realidad esperándote: una llamada mayor, un propósito superior, una experiencia más grande de la vida.

Incluso si estás atado física o culturalmente, atado por la pobreza y las circunstancias, aun así tu mente se vuelve un conducto para la gracia. En vez de ser un individuo luchando y esforzándose por sobrevivir y obtener felicidad de lo que pueda adquirir, ahora te conviertes en un portal a través del cual el Cielo puede hablar y brillar sobre el mundo, un mundo que se oscurece con cada día que pasa, un mundo que se enfrenta a las Grandes Olas de cambio.

Sin este poder y esta gracia, te sentirás cada vez más temeroso y descontento, a medida que el mundo a tu alrededor cambie y se vuelva más difícil. Serás cada vez más afectado por las personas, que ahora se están volviendo más enojadas, más críticas, más amenazadas por el gran cambio que está ocurriendo en todo el mundo. Te quedarás más aislado. Sentirás que tu supervivencia, tu riqueza y tu bienestar están bajo un ataque constante. Culparás a otros por esto, tal vez incluso a naciones enteras de personas que ni siquiera conoces. Te volverás partidista. Estarás en conflicto. Estarás en guerra contigo mismo, atrapado en guerras sucediendo por todo el mundo.

Pero Dios te ha enviado aquí con un plan mayor y un propósito superior, no para caer en esta trampa infernal, no para descender al caos y la miseria en la prisión de tu propia mente, sino para permitir que tu mente, ese hermoso instrumento de comunicación, sea un medio a través del cual se puedan dar mayores regalos al mundo a través de ti —algo para lo que fuiste perfectamente diseñado.

Así es entonces como Dios te redimirá y te restaurará, no porque hayas asumido una creencia preferida, no porque hayas creído en el Jesús, el Buda o el Mahoma, sino porque te has abierto al poder del Conocimiento que Dios ha puesto dentro de ti. Aquí el Jesús, el Buda y el Mahoma se convierten en ejemplos de contribución y libertad en el sentido más alto.

Aunque no se te pide que hagas lo que ellos hicieron, en esencia estás pasando por el mismo proceso de preparación. Pero este debe ser un viaje consciente. No pienses que ya estás en este viaje y que estás haciendo grandes progresos. Hasta que tu estado interno, tus valores, tus prioridades y la naturaleza de tu experiencia interna comiencen a cambiar, aún no habrás iniciado realmente este viaje. Tal vez estés parado en la orilla, mirando el gran océano que tienes ante ti y preguntándote qué hay al otro lado.

El primer propósito de Dios es descargarte, que es lo que te permite escapar de tu prisión; porque dentro de ella no puedes ver, no puedes saber y no puedes escuchar lo suficiente para reconocer el gran viaje que debes emprender. Estás demasiado confinado dentro de ti mismo y sujeto a la influencia de otras personas que te están oprimiendo, para ser capaz de tener la fuerza y la determinación para iniciar este viaje.

En este viaje no necesariamente abandonas a tu familia o tus circunstancias, ya que en muchos casos esto no es posible o incluso apropiado. Este es un viaje interno, el más grande que jamás emprenderás y el más profundo, porque es la Voluntad del Cielo que lo emprendas —fundamental y esencialmente, más allá de todas las creencias y perspectivas, más allá de la religión, más allá de la nacionalidad, más allá de la raza y la tribu, la cultura y las costumbres.

Ese es tu contrato con Dios. Esto es lo que te ha traído a este mundo con un propósito mayor. Y esto es lo que te restaurará aquí, porque debes estar aquí para ser restaurado de esta manera.

Tú puedes orar. Puedes postrarte. Puedes recitar los textos sagrados. Podrías intentar vivir perfectamente, de acuerdo con la prescripción de la religión. Si bien esta es una empresa noble, no garantiza tu escape de la prisión.

Para muchas personas, eso incluso profundiza su encarcelamiento. Ahora se vuelven vehementes con sus creencias y juzgan a todas las demás. Ahora piensan que sus creencias son las únicas o las más importantes, que todos deberían creerlas, y que aquellos que no quieren o no pueden creerlas deben ser castigados, expulsados o incluso destruidos. Ellas han convertido ahora la gran Revelación de Dios en un arma para conseguir poder y condenar.

Esto es intentar creer dentro de tu prisión. Esto es lo que sucede si no encuentras internamente escape y alivio de tu confinamiento.

No es natural estar encarcelado. No fuiste diseñado para eso. No es natural estar atado tan estrechamente, tan restringido por tu cultura y por tus propias creencias y estados emocionales internos. No es natural basar tu vida solo en la ideología, porque en tu estado natural no tienes ideología. No la necesitas. Mientras estás en este mundo, en tu estado natural, necesitas un marco en el que trabajar, pero ves que Dios se mueve dentro y más allá de todas las cosas. Fluyendo como el viento a través de los árboles del bosque, no está atrapado allí, aunque viva también allí.

Por tanto, busca escapar de tu prisión. Reconócela. Toma conciencia de tus propios estados y actitudes interiores tan objetivamente como puedas, y verás lo restringido, obsesionado, deprimido y reprimido que estás, no solo por fuerzas y circunstancias externas, sino por tus propios estados internos.

No puedes cambiar tus circunstancias externas para hacer que todo sea perfectamente agradable sin volverte deshonesto o engañarte a ti mismo. Pero puedes abrir las puertas de la prisión de tu mente, y Dios ha provisto los Pasos al Conocimiento para hacerlo posible. Dios ha provisto la salida, no solo algo en lo que creer, no solo directrices para el comportamiento personal, no solo mandamientos para vivir en el mundo, sino el verdadero camino para salir de tu prisión, de la niebla de la confusión y de tu rechazo de ti mismo.

Todo lo que es destructivo en la mente humana, la fuente de todo comportamiento destructivo, la fuente de toda crueldad, la fuente de toda violencia y rencor, es la confusión. Y la confusión es el producto de ser antinatural. Es una condición antinatural. El lugar de donde vienes y a donde regresarás no es un estado de confusión, sino de gran certeza y humildad.

Por tanto, no intentes averiguar cómo vas a ser feliz en la vida. Ciertamente, hay problemas por resolver y dilemas que abordar. Ciertamente, hay correcciones que hacer que pueden verse incluso hoy. Pero no sabes cómo salir de esta jungla, porque no tienes la llave de tu prisión.

Sin embargo, Dios está proveyendo la llave, una vez más. Esta vez se está dando de una forma pura; se está registrando por primera vez en toda la historia humana en su forma pura, tan pura que incluso puedes escuchar Nuestra Voz, la Voz que habló al Jesús, al Buda y al Mahoma. Puedes escuchar. Puedes leer. Puedes entender, porque esta es la Voz del Cielo hablándote. Y su primer propósito es darte libertad —no libertad completa, porque eso no es del todo posible aquí, pero sí la libertad de encontrar y discernir la voz más profunda que Dios ha puesto dentro de ti, y de seguir esa voz y permitir que reforme tu pensamiento y tu vida.

No hay nadie en el mundo que pueda averiguar cómo hacer que esto funcione, aunque las personas sigan intentándolo. Dios te está dando, entonces, un camino de salida. No está lleno de grandeza, milagros y promesas de éxtasis. Es solo el camino de salida. Te devuelve la conexión primaria entre tu mente mundana y la Mente más profunda del Conocimiento que existe dentro de ti. Y a través de esta conexión se te dan cosas que hacer que son realmente restauradoras, que traen resolución a tu vida, que contrarrestan las fuerzas y tendencias que, dentro de tu mente, profundizan tu prisión y te mantienen atrapado allí.

Qué bendición es, entonces, vivir en un tiempo de Revelación, en el que un regalo así está disponible para ti de la forma más pura posible; vivir en un momento en el que el nuevo Mensajero de Dios está en el mundo, llevando esta Revelación a tantas personas como sea posible. Tienes la bendición de escuchar esto y recibirlo.

Dios ha intentado esto antes, pero las revelaciones de Dios han sido malinterpretadas, malentendidas, abusadas y convertidas en una forma de opresión, en un yugo para las personas.

Solo aquellos que tienen un mayor sentido del Cielo pueden ver más allá de estas cosas y usar las grandes tradiciones de manera beneficiosa. Pero esto requiere un sentido más profundo. Debes estar pensando fuera de la prisión para sentir estas cosas; para sentir esta asociación mayor; para tener la sensación de que estás siendo vigilado benéficamente, con gran sabiduría y compasión; para ver que tus pecados, por más profundos que sean, no pueden impedirte recibir la Gracia del Cielo.

El objetivo aquí no es escapar del mundo, ni morir e ir a algún estado celestial, sino convertirte en lo que realmente debes ser aquí, en cualquier circunstancia en la que te encuentres, ya seas rico o pobre, ya tengas libertad para viajar o no.

Ya sea que puedas alterar tus circunstancias o no, te conviertes en una luz en el mundo, porque te has liberado de la prisión —te has liberado lo suficiente para vivir fuera de ella, para ver las estrellas más allá de las nubes, para presenciar la belleza de la naturaleza en cada momento, para maravillarte ante los mil placeres simples de la vida; y para sentir la presencia del Cielo bendiciéndote, de manera que puedas tener el poder y la oportunidad de bendecir a otros con aquello que es puro y sobrepasa toda definición.