Como le fue revelado a
Marshall Vian Summers
el 18 de junio de 2013
en Boulder, Colorado, Estados Unidos

Texto original: The Battleground

Escucha el audio original aquí (en inglés):

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Lo que estás leyendo en este texto es la transcripción de la voz original de la Asamblea Angélica hablando a través del Mensajero Marshall Vian Summers.

Aquí, la comunicación original de Dios, que existe más allá de las palabras, es traducida al lenguaje y el entendimiento humanos por la Asamblea Angélica que supervisa el mundo. La Asamblea después entrega el Mensaje de Dios a través del Mensajero, tras lo cual es transcrito y puesto a tu disposición y a disposición de todos.

En este extraordinario proceso, la Voz de la Revelación está hablando de nuevo. La Palabra y el Sonido están en el mundo. Que puedas ser el receptor de este regalo de Revelación y puedas estar abierto a recibir su Mensaje único para ti y para tu vida.

Nota a los lectores:
Esta traducción fue provista a la
Society por estudiantes del Nuevo Mensaje que se han ofrecido voluntariamente a traducir el texto original en inglés. La publicamos en esta forma inicial para que todo el mundo tenga una oportunidad de interactuar con una porción del Nuevo Mensaje en un su propio idioma.

Debes hablar en contra de la guerra. Nunca está justificada. Es una acumulación de errores. Es una acumulación de fracasos. El incentivo de ir a la guerra por recursos, por el control territorial y para vencer a quien se percibe como enemigo será muy grande en el futuro, cuando los recursos del mundo disminuyan y surjan dificultades económicas aquí, allí y en todas partes. Será una gran prueba para la humanidad.

Es un desafío porque la humanidad debe ahora unirse frente al universo, una Comunidad Mayor de vida inteligente. Debe unirse para utilizar los recursos del mundo suficiente y exitosamente y evitar la competición, el conflicto y la guerra continuos. Será una gran prueba para la humanidad.

La gente se sentirá amenazada. Tomará partido, y creerá en otros que tomarán partido. Cuando la gente está gobernada por el miedo, toma partido. Cuando la gente está gobernada por el enfado o el resentimiento, toma partido ciega y neciamente. Se le dirá quién es el enemigo, y la gente creerá lo que se le dice. Será una gran prueba para la humanidad.

Una prueba es un test, así como un campo de pruebas para lo que es cierto, lo que es justo y lo que es verdadero. Habrá cooperación o habrá conflicto y guerra. Las opciones se vuelven aquí mucho más simples y directas. No podéis tener las dos cosas. No podéis vencer a otro y establecer la paz al mismo tiempo. No podéis suprimir a otra gente o incluso a la gente de vuestra propia nación y pensar que estáis manteniendo la justicia, el orden y la paz, porque estáis meramente negando y resistiendo lo que debe salir adelante. Pero lo que debe salir adelante no es simplemente la venganza, la hostilidad o el ajuste de cuentas. Debéis ser guiados por un Poder Mayor dentro de la gente, el Poder que Dios ha puesto ahí para todas las personas del mundo, para todas las religiones del mundo, hasta para los que no tienen religión. Está ahí.

Este poder verá más allá de la división. Verá más allá de la complejidad. Verá más allá del ajuste de cuentas para establecer una realidad de cooperación basada en la necesidad y no solo en altos ideales; basada en las necesidades fundamentales de la gente y lo que puede garantizar que esas necesidades sean suficientemente atendidas.

La Nueva Revelación de Dios habla de este Poder Mayor dentro del individuo; habla de él con mucho énfasis, porque es la cosa más importante. Sin él, serás gobernado por el miedo, el deseo y las persuasiones de otros. Te alinearás con tu grupo, con tu tribu, con tu cultura y quizá incluso con tu nación, o con alguna fuerza o facción dentro de tu nación. Serás cegado por su ideología y la creerás, porque estarás tan asustado que querrás creer en algo a lo que te puedas adherir. No querrás estar solo, y te asociarás con aquellos que parecen ser poderosos y determinados.

Así, naciones enteras son acorraladas hacia la guerra. Así, la gente es empujada a polarizarse en fuerzas en oposición, sin entender siquiera sobre qué son realmente los conflictos, sin entender realmente lo que están haciendo y lo que están apoyando. Voces y fuerzas radicales obtendrán la atención del mundo, como ha sido el caso, porque eso es lo que la gente quiere escuchar. La gente no quiere moderación. No quiere refrenarse. No quiere diplomacia. Quiere tomar lo que piensa que es suyo o conseguir lo que queda a medida que el mundo disminuye y entra en declive. Es una situación desesperada en un mundo en donde la humanidad está muy fracturada y dividida.

Debes vencer esto, pero debes comenzar contigo mismo, porque como individuo estás fracturado y dividido internamente. Eres propenso a persuasiones radicales. Tiendes a evitar lo que no puedes enfrentar o tratas de aplicar soluciones simples a circunstancias que son en realidad más difíciles de comprender y entender. Observa tus propias tendencias. Observa a dónde va tu mente cuando se enfrenta a una grave incertidumbre y a la posibilidad guerra y conflicto. Observa cómo tomas partido automáticamente o asumes suposiciones o creencias sin ni siquiera pensar realmente, sin tomarte el tiempo para entender una situación de manera más profunda y completa, lo cual te daría una pausa y te contendría de llegar a conclusiones prematuras.

Dios te ha dado el gran poder para ver, saber y actuar con certidumbre. Pero para seguirlo, tienes que apartarte de todas las otras seducciones, directivas y tendencias de tu mente. Si la gente no hace esto, caerá en bandos. Se volverá partisana en una situación divisiva y desintegradora.

Las líneas de batalla están siendo trazadas. Las naciones están compitiendo por posiciones de control. Muchos de los que dirigen estas naciones comprenden el gran cambio que está llegando al mundo. Quieren tener una posición tan fuerte como sea posible, controlar el acceso a los recursos tanto como sea posible, asegurar su seguridad tanto como sea posible. Por tanto, ellos competirán con otros por el control. Pero ninguno de ellos comprende la mayor amenaza en el mundo, la amenaza de Intervención desde más allá del mundo que buscará usar el conflicto, la ignorancia y la ambición humanas para sus propios fines.

El gran entendimiento que la humanidad debe tener no está siendo adoptado suficientemente, y por tanto Dios ha dado al mundo un Nuevo Mensaje —un mensaje de advertencia, un mensaje de poder, un mensaje de gracia, un mensaje de gran esperanza—. Pero esta gran esperanza solo puede cumplirse si un número suficiente de personas puede recibir la Revelación.

Muchas partes del mundo están encarando restricciones de alimentos y agua, pues la naturaleza ha sido violada y el equilibrio natural del mundo ha sido perturbado. Ahora, el mundo entero encarará un tiempo meteorológico violento, que destruirá gran parte de la producción mundial de alimentos, y con ello la estabilidad de las naciones, particularmente la de las naciones más pobres del mundo. Mientras las naciones más fuertes compiten para posicionarse, luchando la una contra la otra, usando a las naciones más pobres como su campo de batalla, estas últimas sufrirán y declinarán.

¿Cuántas guerras se librarán, y cuántas vidas serán arruinadas y perdidas? ¿Cuánta tierra será destruida? ¿Cuántas ciudades serán devastadas? ¿Cuánta tragedia tendrá que ocurrir para que suficiente gente entre en razón y comprenda que su problema no es con el otro, sino con el mundo —con la estabilidad del mundo mismo, la estabilidad en una Comunidad Mayor de vida inteligente en la que la humanidad siempre ha vivido y con la que ahora debe aprender a lidiar?

¿Quién guiará a la humanidad? ¿Y qué puede ofrecer Dios a la humanidad en una situación tan crítica y grave? Desperdiciando en el mundo cosas que no pueden ser desperdiciadas: tierra e infraestructura, gente, talentos y capacidades… Nada puede ser desperdiciado en este nuevo mundo, este mundo de mayores demandas, este mundo que requerirá unidad y cooperación humanas a un nivel nunca visto con anterioridad. No porque todo el mundo esté de acuerdo ideológicamente, sino debido a la pura necesidad misma, y porque la humanidad está encarando adversidad e intervención desde el universo a su alrededor —funcionando subrepticiamente en el mundo, usando los poderes del engaño y la persuasión, arrojando a las naciones contra otras naciones y a la gente contra la gente, desanimando a poblaciones enteras para que pierdan la fe en sus líderes y busquen ser guiadas y gobernadas por poderes que no comprenden.

Este es el campo de batalla. O bien arruinaréis lo que os queda y arrojaréis a la humanidad a una serie de circunstancias mucho más graves y terribles en el futuro, o bien la gente comenzará a entrar en razón para comprender que todo está en juego. Ninguna nación prevalecerá si el mundo va demasiado lejos en su declive, si es demasiado lo que se pierde. No hay riqueza de nadie que vaya a estar segura y protegida en una situación como esta.

Por tanto, ¿qué prevalecerá: la sabiduría, la dignidad y el sentido común, o el enfado, el resentimiento y la venganza? Este es el gran campo de batalla. No sobre el territorio, sino sobre lo que prevalecerá en las mentes y corazones de la gente y cuántos tendrán que morir y sufrir y ser cruelmente lisiados antes de que la humanidad pueda ver que debe elegir y comprometerse con este camino de resolución.

Las religiones del mundo están divididas y enfrentadas incluso en su propio seno. Muy a menudo se han vuelto partisanas en las grandes luchas por el poder y el dominio que han sido libradas a lo largo del tiempo y de la historia. ¿Cuál es aquí la luz guiadora?

No todo el mundo será un cristiano. No todo el mundo será un musulmán. No todo el mundo puede volverse un judío. Y no todo el mundo puede seguir cualquier ideología o tradición de fe. Y aun así, muchos buscan dominar el mundo con sus puntos de vista y sus religiones. Ellos están también sembrando las semillas de la guerra, el conflicto y la destrucción sin sentido en el mundo.

Es por eso que Dios ha hablado de nuevo —no para condenarles, sino para ofrecer un nuevo camino que no requiere una ideología estricta, que no requiere que repudies al otro ni al grupo o la nación del otro, que no requiere que creas en un héroe.

Os encontráis en el campo de batalla. Es aquí donde o bien construiréis un nuevo futuro más igualitario y unido para la familia humana, o bien os destruiréis a vosotros mismos —grupo a grupo, nación a nación—, solo para ser explotados por aquellos de más allá que buscarán usaros y dirigiros en vuestro estado de debilidad, fracaso y declive.

Si supierais los grandes peligros que enfrenta la humanidad, la guerra acabaría mañana. Simplemente no sería una opción. Si supierais lo que la humanidad tendrá tratar y encarar, habría poca disputa entre las naciones.

Esta es la gran prueba, como ves. ¿Puede emerger la humanidad intacta de este gran umbral, con una resolución, una unidad y una fortaleza mayores, o simplemente se desintegrará y se destruirá a sí misma frente a lo que ha creado en un mundo que ha sido explotado? Desperdiciando sus preciosos recursos en el conflicto, desperdiciando su oportunidad de establecer una mayor unión aquí en la Tierra.

¿Qué tipo de unión será esa? ¿Será una unión libre o se tratará de un estado oprimido? El universo está lleno de estados tecnológicos oprimidos. Sea cual sea el tipo de unión, tendréis que tener una unión para sobrevivir en la Comunidad Mayor. No podéis ser un conjunto de tribus en conflicto. No podéis estar destruyendo la riqueza, el esplendor y los recursos del mundo por asuntos ridículos entre vosotros. Por orgullo, por arrogancia, por poder o por ventaja, vosotros destruiréis lo que queda. Entonces encararéis una serie de circunstancias que la familia humana en conjunto nunca ha tenido que encarar antes —cómo sobrevivir en un mundo diezmado, cómo sobrevivir en un clima que está fuera de control, un clima que ha perdido su estabilidad natural debido al abuso y la polución de la humanidad.

Va a hacer falta todo lo que tenéis —vuestra ciencia, vuestro ingenio, vuestra tecnología, la voluntad y el poder humanos— solo para sobrevivir en este mundo. Y vuestra capacidad para hacerlo determinará lo que ocurrirá en este campo de batalla y lo que esta prueba producirá.

Es fácil ir a la guerra. Es más difícil establecer una unión. Es fácil derrumbarse, porque eso es lo que la gente hace cuando está débil y confusa. Es más difícil permanecer firme y mantener vuestra fuerza y determinación en tiempos de grandes cambios e incertidumbre. Es fácil atacar a otro. Es más difícil establecer un acuerdo entre vosotros que ambas partes apoyáis.

Tomad el camino fácil, y encararéis penalidades mayores de lo que la familia humana en conjunto ha conocido nunca. Y el mundo en el que vuestros hijos y sus hijos tendrán que vivir será mucho más difícil y peligroso de lo que hoy enfrentáis. Ellos os bendecirán u os maldecirán por lo que hayáis hecho en estos tiempos —en esta gran oportunidad de esta era para establecer una mayor unidad, prepararos para una nueva realidad y un nuevo mundo y prepararos para una Comunidad Mayor de vida inteligente en el universo—. Este tiempo de Revelación —cuando Dios ha hablado de nuevo a todos los pueblos del mundo, a todas las naciones y a todas las religiones del mundo, para darles esta mayor perspectiva, este mayor poder y esta mayor oportunidad— será totalmente desperdiciado si la humanidad continúa por su mismo camino ignorante y destructivo.

Personas del mundo, escuchad la Voz del Cielo. A aquellos que irían a la guerra, particularmente los religiosos que afirman ser religiosos: el Cielo no os verá favorablemente, porque estáis llevando a la humanidad a calamidades y a peligros y dificultades mucho mayores.

¿Qué es lo que prevalecerá, la fuerza y la sabiduría humanas o la debilidad y la indolencia? ¿Qué es lo que prevalecerá, lo que debe construirse cuidadosamente con el tiempo o lo que es conveniente en el momento? ¿Qué es lo que prevalecerá en ti mismo? Siempre puedes culpar a otros y hablar sobre la humanidad usando generalidades, ¿pero qué pasa contigo mismo? ¿A dónde irá tu mente? ¿Qué posición adoptarás? ¿Qué apoyarás? No puedes simplemente mirar por ti mismo, pues eso es destructivo. Ahora debes considerar cómo todos pueden tener una mayor estabilidad y un mayor apoyo.

Esto es un desafío, no solo para los líderes de las naciones o los grandes pensadores, filósofos o teólogos. Es un desafío para cada persona que ve que realmente debe considerar lo que está ocurriendo en el mundo y qué puede hacer para contribuir a un resultado positivo y constructivo.

Porque te guste o no, ahora mismo estás en mitad del campo de batalla —un campo de batalla económico y político, un campo de batalla incluso dentro de ti mismo, respecto a qué seguirás y qué defenderás en un tiempo de mayor incertidumbre y convulsión en el mundo.

Dios ha hablado de nuevo a todas las gentes del mundo para darles fuerza, coraje y dignidad, así como un camino para salir de la confusión, del peligro y de la autodestrucción. ¿Pero quién escuchará esto sin intentar meramente defender sus viejas ideas o su posición, o hablar a favor de su propio grupo, o proteger su propio interés? Si eres uno de los que han tomado partido y tomarán partido, ¿puedes escuchar a Dios hablándote de nuevo —advirtiéndote, corrigiéndote, honrándote y dirigiéndote?

En los próximos veinte años, si los grandes recursos restantes son derrochados, el mundo será pobre, más pobre de lo que puedes imaginar. La humanidad puede sobrevivir, pero en un estado mucho más deteriorado. No es un mundo donde nadie realmente vaya a beneficiarse. Incluso los pocos que tengan riqueza estarán rodeados por los que no la tienen. Su posición no será sostenible.

Esta es la seriedad de estos tiempos. Esta es la importancia de tu vida. No viniste aquí simplemente para ser una langosta sobre la tierra y consumir todo lo que está a la vista, tal y como a menudo hacen los ricos. Viniste aquí para dar algo único y especial a un mundo necesitado. No te quejes del mundo, porque este es el mundo que te ofrecerá la redención si puedes comprenderlo y responder a él correctamente.

No te condenes a ti mismo, porque no sabes de tu mayor propósito, tu mayor origen y tu mayor destino. Cada uno de vosotros tiene regalos para el mundo —regalos que no podéis determinar desde vuestros propios deseos y preferencias, sino que han de ser llamados a salir de vosotros por las circunstancias del mundo, a menudo por las circunstancias que podríais elegir evitar o que habéis evitado en el pasado. Esto es lo que saca la grandeza de la gente, no sus pequeños y patéticos deseos, obsesiones y fantasías.

Os encontráis en el campo de batalla, determinando el futuro y el destino de la humanidad. Todos y cada uno de vosotros contribuiréis a esto de una manera u otra. No hay terreno neutral. No puedes quedarte a un lado y pensar que estás por encima y más allá de todo esto, porque este es el mundo que has venido a servir. Y el Conocimiento, el Poder Mayor que Dios te ha dado, está determinado y focalizado en que encuentres este servicio y lo cumplas aquí.

Está bien que las cosas no sean perfectas. Deja de quejarte por eso. Cuando las personas están en peligro es cuando hacen las cosas más grandes. Cuando existe la mayor necesidad es cuando se logran las mayores creaciones. Cuando las mayores necesidades prevalecen es cuando surgen las mayores invenciones. No te haces grande en el placer y la indolencia, sino en la contribución y en el dar desinteresado de ti mismo, de tu vida y de tus recursos.

No pienses que tu creencia en un gran salvador va a salvarte, a menos que puedas dar al mundo lo que viniste a dar. No pienses que tu ideología religiosa va a colocarte por encima y más allá de todos los demás, porque si no puedes contribuir a la unidad y la cooperación humanas con gente de diferentes naciones y religiones, entonces estás trabajando contra el bienestar de la humanidad, a pesar de lo que creas o cuál pueda ser tu héroe o heroína.

El Cielo mira a aquellos que pueden contribuir a la unidad y la cooperación humanas y a la adaptación a un nuevo mundo y a una Comunidad Mayor de vida, pues vuestro aislamiento en el universo ha terminado y nunca lo tendréis de nuevo. A la humanidad le ha llegado el momento de enfrentar esto, y no hay escapatoria a esta realidad.

Lo importante es lo que es necesario. Lo importante es lo que debe ser. Lo importante es el coraje, el propósito y el destino. No pienses que tu posición ideológica es significativa. Es solo lo que das o no das, lo que apoyas o no apoyas, lo que hace alguna diferencia para el resultado de tu vida y tu destino y para el bienestar del mundo. Aquí debe haber gran humildad y servicio, de lo contrario no entenderás por qué estás aquí, qué debes hacer y qué es lo que el mundo está llamando en ti y requiere de ti.

Estás en el campo de batalla. No hay donde esconderse. No hay posibilidad de huir. No puedes vivir en la fantasía. No puedes pensar que eres especial y único a causa de nada. El mundo está en declive. La humanidad está sembrando las semillas del conflicto futuro. La guerra está sucediendo aquí, allí y en todas partes. El clima es inestable. Las economías se están contrayendo. Debes participar en esta mayor realidad y servir donde sea que tu verdadero servicio pueda aportarse. Haciendo esto conocerás el Cielo y el Cielo te conocerá, a pesar de tus creencias religiosas.

Pues estáis en el amanecer de una nueva era de unidad y cooperación humanas, o bien de una nueva era de autodestrucción humana. El resultado será determinado en el campo de batalla —en el campo de batalla en el que os encontráis hoy.