Como le fue revelado a
Marshall Vian Summers
el 17 de abril de 2008
en Teherán, Irán

Texto original: The Engine of War

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Lo que estás leyendo en este texto es la transcripción de la voz original de la Asamblea Angélica hablando a través del Mensajero Marshall Vian Summers.

Aquí, la comunicación original de Dios, que existe más allá de las palabras, es traducida al lenguaje y el entendimiento humanos por la Asamblea Angélica que supervisa el mundo. La Asamblea después entrega el Mensaje de Dios a través del Mensajero, tras lo cual es transcrito y puesto a tu disposición y a disposición de todos.

En este extraordinario proceso, la Voz de la Revelación está hablando de nuevo. La Palabra y el Sonido están en el mundo. Que puedas ser el receptor de este regalo de Revelación y puedas estar abierto a recibir su Mensaje único para ti y para tu vida.

Nota a los lectores:
Esta traducción fue provista a la
Society por estudiantes del Nuevo Mensaje que se han ofrecido voluntariamente a traducir el texto original en inglés. La publicamos en esta forma inicial para que todo el mundo tenga una oportunidad de interactuar con una porción del Nuevo Mensaje en un su propio idioma.

Al considerar las perspectivas para el progreso humano y el establecimiento de relaciones pacíficas entre los pueblos y naciones, es necesario examinar más a fondo lo que crea la guerra en el mundo. ¿Cuál es el motor de la guerra?

Si bien los conflictos pueden ser iniciados y justificados por los líderes políticos y militares y en el trasfondo por los líderes religiosos, dichos conflictos representan una intensificación de un problema que está implícito en sus circunstancias. Los líderes están satisfaciendo una serie de necesidades o requisitos que rara vez son discutidos o reconocidos en sus proclamaciones y exhortaciones.

Porque el motor de la guerra es más grande que ellos. Los líderes no son más que el mecanismo que hace manifestarse la guerra —que la intensifica, la confirma, la aprueba y le da sentido y valor, por muy falso que sea ese sentido y valor.

Porque el motor de la guerra lo produce la forma en que la gente vive, lo que usa de la Tierra, lo que cree que debe tener para sí misma y su búsqueda interminable de riqueza, poder y adquisición más allá de las simples necesidades de la vida, más allá de lo que realmente necesita para vivir y sostenerse con estabilidad y seguridad.

Porque el motor de la guerra es el motor de la compulsión, la adicción y el deseo humanos. Esto es lo que lleva a las personas a hacer cosas antinaturales consigo mismas y con los demás, a traicionar su naturaleza divina, a ignorar sus buenas intenciones y a borrar de su propia conciencia su compasión natural por los demás y la conciencia de la vida a su alrededor.

Los líderes —que hacen las proclamaciones, que agitan la opinión pública, que parecen ser los arquitectos del conflicto— están simplemente ejecutando este proceso. Pero el proceso en sí mismo es generado por las actividades, actitudes y comportamientos de las personas.

Es verdad que hay individuos en la historia y en el mundo actual que son muy ambiciosos, que quieren tener un gran poder para sí mismos en los salones del gobierno, en el ámbito del comercio y en los palacios de la religión. Pero no se les puede culpar a ellos en exclusiva por los grandes conflictos que han arrasado el mundo y que han causado tanto sufrimiento a la humanidad, que han devastado naciones, que han aplastado tribus y grupos y que han llevado a la aniquilación de pueblos enteros.

No puedes echar la culpa de esto a las ambiciones de algunas personas, ya que ellas simplemente están ejecutando aquello que crea el motor de la guerra. Simplemente intentan beneficiarse de un proceso que subyace a sus actitudes y acciones.

Si sacas demasiado del pozo de la vida, otros no pueden sacar lo suficiente. Si quieres mucho más de lo que necesitas, entonces requieres que alguien —tú mismo, alguna persona designada o tu gobierno— adquiera estos recursos para que puedas satisfacer tus ambiciones y deseos cada vez mayores.

Los gobiernos, por su propia naturaleza, no son malvados; pero si se les exige que provean más allá de lo que sus naciones pueden producir, más allá de lo que el comercio justo puede proveer, entonces se convierten en las herramientas de adquisición y los medios de provisión.

Por tanto, aquellos que viven en las naciones ricas del mundo deben saber que el motor de la guerra los está moviendo. La gente de las naciones ricas del mundo debe saber que su grandioso estilo de vida y sus expectativas y demandas del mundo y de sus gobiernos están generando el poder, la potencia y la necesidad de obtener recursos de otras naciones, de explotar esas naciones y controlarlas, de manipular sus gobiernos, de asegurar estos recursos para su propia nación, recursos que van mucho más allá de sus necesidades básicas de la vida, e incluso de las necesidades básicas que proporcionan auténtico disfrute y camaradería entre las personas.

Si la gente de una nación quiere, espera y exige una provisión de grandes recursos, su gobierno tiene que cumplir sus deseos. Y cuanto más democráticas sean las naciones, más obligados estarán sus gobiernos a atender estos crecientes requisitos.

Parece que la gente piensa que la libertad es la libertad de consumir, de poseer cada vez más, de tener cada vez mayores adquisiciones y de extraer del pozo de la vida mucho más de lo que cualquier persona necesitaría para ser estable, funcional y feliz.

Este deseo de tener más no nace del Espíritu sino de la mente, de la mente personal, que es insegura y siempre quiere más para saciar y compensar su propia inseguridad y miedo a la vida. De hecho, el deseo cada vez mayor de posesiones demuestra la inestabilidad inherente de la persona y su falta de conciencia de su naturaleza espiritual más profunda, la que Dios ha creado.

Porque el mundo ha creado la materia de tu cuerpo, pero Dios ha creado tu alma, y las necesidades del alma son simples, esenciales y necesarias. Más allá de satisfacer las necesidades y requerimientos de tu vida física —alimentos, agua, refugio, ropa, seguridad—, la necesidad del alma es cumplir el propósito mayor por el que estás aquí, un propósito que puede requerir una pequeña cantidad de recursos o una gran cantidad de recursos, pero no se parece en nada a lo que la gente piensa que debe tener para ser feliz y sentirse realizada.

Y así, los ricos malgastan los recursos del mundo en las cosas más triviales —prodigando en sus casas y sus cuerpos para desfilar a su alrededor, mostrando al mundo cuán inseguros son realmente, cuán insuficientes son para ellos los regalos de Dios—. Incluso las autoridades religiosas acumulan mucha riqueza para construir sus palacios.

Esto no es lo que Dios quiere. Dios no quiere que todos sean pobres, sino que todos tengan estabilidad, seguridad, una provisión adecuada y, más allá de eso, cosas sencillas para el disfrute de la vida. No se parece en nada a lo que la gente quiere para sí misma: aspirar a poseer, aspirar a controlar.

Esto ha sido tratado una y otra vez en todos los grandes Mensajes que Dios ha enviado al mundo, pero los apetitos parecen ser insaciables. La promoción del consumo humano parece ser el motor del comercio y la producción de riqueza, de modo que los muchos deben vivir en condiciones degradadas para poder proveer baratijas para los ricos. Este es el motor de la guerra.

Si tu nación debe manipular y controlar a otras naciones y ha de afirmar su poder militar para asegurar los recursos necesarios y poder crear este nivel de riqueza, ese es el motor de la guerra.

No pienses que puedes vivir este gran estilo de vida que imaginas, que deseas o que crees que mereces tener y ser al mismo tiempo un defensor de la paz y la reconciliación humana, pues tu propio comportamiento demuestra que exiges a tu gobierno y a sus militares que aseguren los recursos necesarios para tu estilo de vida, a cualquier costo. No pretendas ser un defensor de la paz. No digas que deseas la paz o que la defiendes si vives de esa manera, porque estás alimentando el motor de la guerra.

Porque cuando los recursos de otra nación están siendo tomados y abrumados, si dicha nación opone resistencia entonces habrá guerra. Cuando la gente de esa tierra se dé cuenta de que se le está quitando excesivamente sus bienes naturales, se resistirá y esto conduce a la guerra. Cuando se construyen imperios y se explotan otras naciones, esto conduce a la guerra.

En épocas pasadas, uno podía adquirir abundancia y riqueza personales. Proporcionar esto empobrecía a grandes segmentos de la población, pero siempre había más recursos. El pozo parecía no tener fondo, siempre proveyendo, siempre brindando los dones de la Tierra. Y existe la creencia de que si uno reza a Dios se crean más recursos para la Tierra, como si la Tierra fuera una cornucopia, un pozo interminable de provisión.

En épocas anteriores siempre podías tener más, y tus hijos siempre podían tener más, y el impulso hacia la riqueza, la prosperidad y la afluencia parecía no verse obstaculizado por los límites del mundo. Pero ahora la familia humana vive en un mundo en decadencia, un mundo que no puede producir estos recursos, un mundo que está siendo usado en exceso, un mundo en el que la humanidad está vendiendo el futuro de sus hijos para tener grandes placeres hoy.

Hay muy poca moderación en este sentido, muy poca humildad, muy poca compasión. La familia humana está robando del futuro para tener beneficios en el momento.

Porque la humanidad ha desbordado la provisión de recursos vitales de la Tierra. Está entrando en un tiempo en el que las naciones tendrán cada vez más dificultad para adquirir adecuadamente incluso alimentos y agua; un tiempo en el que ciudades enteras se quedarán sin agua y naciones enteras no dispondrán de suficientes alimentos.

La humanidad está alcanzando los límites de lo que el mundo puede proporcionar. Aquí el motor de la guerra se hace cada vez más evidente, cuando antes parecía estar oculto y ser desconocido e ignorado excepto por visionarios y grandes maestros.

La abundancia de Dios es grande, pero en el mundo no es inagotable. Si tomas demasiado de lo que el mundo puede proveer, no será instantáneamente repuesto por un golpe de magia del Creador de toda vida.

Si tomas demasiado, tendrás demasiado poco. Si exiges demasiado, otros tendrán demasiado poco. Si compites por estos recursos, habrá conflicto y guerra. Y ese conflicto y esa guerra se ocultarán bajo el disfraz y el velo de la religión y la política, pero en esencia será una competencia por los recursos. Es la competencia para asegurar los recursos futuros.

El motor de la guerra está impulsando esto, porque la gente quiere demasiado o no tiene suficiente. Si las naciones más pobres del mundo no tienen suficiente, serán conducidas a la guerra. Si las naciones ricas tienen mayores dificultades para satisfacer su apetito exorbitante, eso las llevará a la guerra. Y no habrá una iniciativa de paz que sea efectiva en el tiempo y pueda sostenerse si esto no se corrige, si no se corrige esta desigualdad fundamental en la provisión y no se la reconoce como la fuente del problema.

La gente en las naciones ricas dice: “Oh, hay mucha comida. La tecnología creará muchos alimentos. Hay más. Hay suficiente para todos”. Pero ¿cómo lo saben? ¿Y cómo podrán hacer afirmaciones tan extravagantes y desinformadas frente a las Grandes Olas de cambio que están llegando al mundo —cambios en el clima, reducción de los recursos esenciales, pérdida de tierras agrícolas—, cuando el pozo se haga más pequeño y la necesidad, la necesidad fundamental de la gente, se haga mayor y cada vez más exasperada?

Pues, ¿qué iniciativa de paz o acuerdo básico puede alcanzarse entre naciones que pueda compensar las necesidades de una población hambrienta? ¿Qué forma de diplomacia puede compensar tal desigualdad, tal desesperación?

Si realmente eres un defensor de la paz, si realmente te preocupa el bienestar de la humanidad —e incluso el de tu propia familia y su futuro, el de tu propia ciudad o pueblo y su futuro—, debes preocuparte por la forma en la que vives, especialmente si buscas riqueza o vives en un entorno próspero.

Algunas personas dirán: “Oh, estáis abogando por el ascetismo. El pueblo no quiere ascetismo”. Pero no estamos abogando por el ascetismo. Abogamos por una vida sana, una vida auténtica, una vida genuina que no genere el motor de la guerra.

En el futuro, naciones enteras se verán afectadas por un mundo en declive, un clima cambiante y la disminución de los recursos. ¿Cómo podrán mantener relaciones pacíficas? ¿Cómo podrán proveer para la gente? ¿Cómo cumplirán su responsabilidad fundamental de cuidar de su propio pueblo?

Debes pensar en estas cosas ahora, porque son preguntas fundamentales y auténticas. Las cosas que quieres para ti, ¿las necesitas o solo las quieres? ¿Son necesidades auténticas? ¿Son sueños y fantasías o representan las necesidades reales de tu vida? ¿Cumplen con lo que el Conocimiento, el gran regalo de Sabiduría de Dios, requiere para ti?

Ahora la humanidad está enfrentando un mundo en declive. No es como en el pasado, cuando siempre había más regiones que explorar y nuevas fronteras que superar, desarrollar y explotar. Las últimas regiones inexploradas e inexplotadas no satisfarán ahora las demandas de la humanidad.

Los ricos tendrán que cuidar de la gente; ese es el propósito de su riqueza. Y no simplemente de sus familias y de todos sus deseos, anhelos y demandas, sino de otras personas. Si eres rico, es posible que tengas que alimentar a cien personas o a quinientas personas. En vez de un coche nuevo de lujo o una casa más amplia, tu riqueza tendrá que cuidar de la gente, lo cual te devolverá tu propia integridad y sentido de valor y autoestima.

¿Cómo puedes ser feliz haciendo alarde de tu riqueza cuando rostros hambrientos te miran fijamente? ¿Cómo puedes sentirte bien contigo mismo desfilando en tu gran vehículo y con tu ropa y accesorios caros mientras los pobres se mueren de hambre en las calles? ¿Es eso una fuente de bienestar? ¿Es eso lo que valida quién eres y por qué estás en el mundo —ser una langosta sobre el mundo y devastarlo?

Hay demasiada gente ahora en el mundo para que unos pocos se enriquezcan sin exponer a toda la humanidad a un peligro aún mayor. Los recursos del mundo no pueden sostener esto. Las naciones enfrentarán el fracaso y el colapso y las más graves de las situaciones.

Es por eso que el Nuevo Mensaje de Dios te enseña que debes tomar una decisión fundamental: ¿Seguirás viviendo como siempre has tratado de vivir, particularmente si formas parte de la gente rica —queriendo más, teniendo siempre más mientras el mundo declina a tu alrededor?

No fuiste enviado al mundo con ese propósito. No fuiste enviado aquí para ser una langosta sobre la tierra. No fuiste enviado aquí para ser el motor de guerra. Estás traicionando tu naturaleza. Estás traicionando la voluntad de Dios para ti, que es que seas un proveedor, no alguien que explota el mundo por las razones más triviales.

A ti que estás entre los más ricos de la familia humana: debes estar preparado para cuidar de la gente, porque habrá mucha necesidad humana en el futuro —mayor de lo que nunca ha conocido la humanidad, mayor de la que existe incluso en este momento—. La persona más rica del mundo debería cuidar de miles de personas: alimentarlas, mantenerlas. Ya has destruido el sustento de esas personas. Ahora les es imposible cultivar sus tierras. Sus recursos locales han sido agotados, la tierra ha sido destruida, y por ello tu tarea ahora es alimentarlos y cuidarlos. Ese será tu trabajo. Y si vas a generar más riqueza, será con este fin.

De no ser así, la humanidad enfrentará la guerra y el conflicto a una escala que nunca antes ha conocido. Habrá sufrimiento a un nivel nunca visto antes en este mundo. La gente religiosa pensará que es el fin de los tiempos, que es el Apocalipsis, que es la venida del Mesías, pero no es sino el fracaso de la humanidad. No es sino la violación de las leyes naturales del mundo. No es sino el producto de la ignorancia y la codicia humanas y de la falta de respuesta a lo que Dios ha puesto dentro de cada individuo para que pueda ver, saber y actuar.

No creas que esto iniciará una era de gran paz humana, una era dorada de justicia. Por el contrario, reducirá a la humanidad a un estado de pobreza y degradación como nunca antes se ha visto aquí.

No pienses que esta evaluación es negativa, porque es honesta. No pienses que es una cuestión de perspectiva, porque la perspectiva no significa nada si no puedes ver la verdad. No creas que puedes burlar los límites de este mundo. No pienses que puedes viajar en tu nueva nave espacial más allá del mundo y reponer este planeta con recursos del universo, de la Comunidad Mayor, porque estos recursos son propiedad de otros.

Debe haber un gran cambio de corazón aquí. Debe haber un gran compartir y una gran compasión. Aquí no tiras a los pobres simplemente alguna miseria, algún pequeño exceso de tu riqueza. Porque habrá pobreza de una naturaleza muy grave cuando las naciones fracasen, cuando la agricultura fracase, cuando las personas no puedan costear sus alimentos y la energía esencial se vuelva rara e inaccesible para mucha gente.

Toma el 20% de tu riqueza y gástala en el cuidado de la gente. Eso es lo que el futuro requerirá para que la humanidad tenga estabilidad y evite los estragos de la guerra y de las privaciones, el hambre y la inanición.

Esto forma parte de la advertencia del Nuevo Mensaje de Dios, que ha sido enviado al mundo ahora para preparar a la humanidad para un futuro que será diferente del pasado, para una serie de circunstancias que la familia humana en su conjunto nunca ha tenido que enfrentar colectivamente.

Dios ha dado a la humanidad la riqueza del mundo, pero debe ser usada de manera apropiada y compartida correctamente. Debe ser usada de forma honorable y ética, como cualquier otra cosa.

No digas: “¡Oh, esto es comunismo!”. No, esto es justicia. No digas: “Esta es alguna agenda política. Es socialismo”. No digas: “Esto es capitalismo compasivo”. No pienses en esos términos, porque entonces no estás escuchando el Mensaje.

Esto es justicia. Es ser justo. Es lo que los grandes Mensajes de los Mensajeros de Dios siempre han enfatizado.

Sin embargo, ahora la humanidad ha alcanzado los límites de lo que el mundo puede proporcionar. Ahora se está embarcando en una nueva era en la que las circunstancias serán diferentes, en la que habrá muy poco margen para explotar el mundo, en la que todo se estará agotando, salvo el sufrimiento, la rabia y el descontento humanos. De estos habrá abundancia.

Aquí la gestión y distribución de los recursos y la cooperación entre naciones se vuelven un imperativo, no simplemente un ideal o un conjunto de circunstancias deseadas. Aquí se trata de si la humanidad puede mantener su libertad y soberanía dentro de este mundo, porque hay otras naciones en el universo que están observando el mundo con gran interés para ver su oportunidad de aprovecharse de una humanidad débil y dividida.

El Nuevo Mensaje de Dios revela esto. Nunca ha sido revelado previamente en ninguno de los Mensajes de Dios, porque antes no era necesario. Antes no era una gran amenaza y tampoco un elemento crítico para entender el mundo.

Debes amar a las personas. Debes cuidarlas y alimentarlas. Las naciones deben cuidar de su gente en vez de tratar de imponerse a otras naciones. Esa es la ética. Esa es la base. Ocúpate de las necesidades básicas de la gente: poder vivir con estabilidad, con seguridad y con las cosas esenciales para la felicidad y el simple disfrute. Ve más allá de esto y traspasarás la provisión del mundo, y el motor de la guerra crecerá y te arrastrará.

No pienses que puedes tener todo lo que quieres para ti y aun así que haya paz en el mundo. Porque si piensas de ese modo no estás viendo las consecuencias de tus acciones. No estás viendo tu relación con el mundo. No estás viendo la condición del mundo.

El motor de la guerra se está fortaleciendo ahora mientras las grandes potencias del mundo tratan de asegurarse el suministro de energía, alimentos y todo lo demás que se ha creado, por innecesario que sea. El peligro de la competencia, el conflicto y la guerra aumenta cada día. Las naciones están teniendo problemas para alimentar a su gente. Incluso las naciones ricas están teniendo problemas para proporcionar lo que están acostumbradas a tener. Esto aumentará y eclipsará cada vez más todo lo que la gente piensa y hace.

Ahora la humanidad debe demostrar que es una buena administradora del mundo. Ahora debe unirse para su propia supervivencia y bienestar. Ahora sus naciones deben cooperar para asegurarse de que todos tengan las provisiones básicas. Ahora los ricos deben comprender su responsabilidad de cuidar a otras personas.

La gente puede hacer esto. No digas que viola la naturaleza humana, pues no sabes cuál es la naturaleza humana. Esto es lo más natural que la gente puede hacer, lo más beneficioso, lo más satisfactorio.

Aquí no puedes decir que tu religión es superior a otras religiones, ni usarla como justificación para la guerra cuando la guerra se hace realmente por otras razones.

Aquí no puedes usar los grandes Mensajes de Dios como justificación para tratar de abrumar, conquistar o dominar a otros pueblos, como se ha hecho en el pasado.

Eso ahora no funcionará. Si las naciones del mundo fracasan, se creará una catástrofe. Nadie estará exento de ella. Será el Apocalipsis, pero no un Apocalipsis con un resultado maravilloso o justo, sino el Apocalipsis del fracaso. No será el Apocalipsis del bien venciendo al mal, sino un Apocalipsis fruto de la ignorancia, la codicia y la injusticia humanas.

Dios permitirá que esto ocurra, porque Dios da la libertad de fracasar. Has venido al mundo para ejercer tu propia responsabilidad y demostrar tu propia integridad. No pienses que Dios va a salvarte en el último momento, como si fueras un niño pequeño que quiere correr a casa con mamá y papá.

La humanidad debe enfrentar las consecuencias de sus acciones. Esto no es un castigo. No es la ira de Dios, pues Dios no tiene ira. No hagas de Dios una versión más amplia de ti mismo, proyectando tus propias actitudes mezquinas e inapropiadas, tu deseo de venganza y tu odio hacia los demás. No conoces la Voluntad de Dios. Incluso si tienes a uno de los grandes Mensajes de Dios para guiarte, todavía no conoces la Voluntad de Dios. No es como la tuya. Afortunadamente, no es así.

Pero la necesidad ahora demandará un cambio en el comportamiento, las actitudes y el entendimiento humanos. Si no puedes aprender a través de la sabiduría, el precepto y la verdadera visión, debes aprender entonces por la vía dolorosa, a través de la necesidad. Esta es la forma más difícil de aprender, pero puede ser muy efectiva. No es la forma que los Sabios eligen. Deshacer el fracaso es mucho más difícil que asegurar el éxito. Tener que salvar a la gente de la miseria significa que ya has ido demasiado lejos.

Ahora debes enfrentar los límites del mundo, los límites de la avaricia y la adquisición humanas y la necesidad de justicia y compasión humanas más allá de mantener a tu propia familia. Esto es lo que se ha enseñado en todas las grandes tradiciones: caridad, humildad, misericordia, compasión, limosna para los pobres, justicia. No se trata simplemente de un camino ideal o superior; ahora es una necesidad.

Unida, la humanidad puede sobrevivir y construir un futuro mejor, pero sin esto la humanidad declinará. La civilización declinará, e incluso su tecnología, su ciencia, su ingenio y su inteligencia no la salvarán.

Esta es la advertencia de Dios, pero Dios da una bendición y una preparación. Y ese es el Nuevo Mensaje de Dios: la advertencia, la bendición y la preparación. Si no escuchas la advertencia o no la entiendes en su esencia, no verás la necesidad de la bendición y tampoco verás la necesidad de la preparación.

Pero Dios ama a la humanidad. Dios no está enojado con ella. Sabe exactamente lo que es propensa a hacer en circunstancias difíciles. Así que Dios provee lo necesario para guiar a la familia humana, sin quitarte tu propia responsabilidad como individuo, como ciudadano y como miembro de un grupo o nación.

Porque es tu capacidad la que debe recuperarse. No es simplemente la gloria de Dios, pues Dios ya está en la gloria, ya sea que tengas éxito o fracases. Así que lo importante aquí es tu éxito —basado en tus propios esfuerzos y tu propio reconocimiento, empeño, compromiso y compasión.

El mundo está en tus manos. El motor de la guerra está en tus manos. Que sea grande, fuerte o inexistente está en tus manos. El resultado no será la Voluntad de Dios; será el éxito o el fracaso de la humanidad viviendo en un mundo finito de recursos limitados, un mundo de gran riqueza y beneficencia, pero donde existen límites y debe aprenderse a vivir dentro de esos límites, respetándolos y haciendo que funcionen a favor de la familia humana.

Esta es la Sabiduría de Dios. Deja que esta sea tu comprensión.